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martes, 6 de junio de 2006

El abanico


El abanico. Origen y uso

El abanico, fue usado por las civilizaciones antiguas. En Egipto eran grandes, realizados con plumas, y movidos por esclavos, para dar aire al faraón y a la vez espantar moscas y otros insectos. También se hallaron abanicos en restos arqueológicos de los Etruscos, en el 500 antes de Cristo.

En China también era ampliamente usado, pero como pequeño objeto personal. No sólo servía para refrescarse sino que también era un elemento decorativo y elegante, y en su realización se utilizaban diversos materiales: sedas, papel, plumas, bambú, encajes, marfil, maderas livianas, etc. Se pintaban decorativamente pues se usaban como ornamento personal, y hasta como sinónimo de complicidad amorosa.

Recién en el siglo VII después de Cristo se inventa el abanico plegable, en Japón, en que este objeto fue muy usado y llegó a considerarse un elemento ritual.

Se difundió posteriormente en Europa, y se comercializó y arraigó más su uso en España, y de allí pasó a América. Es un elemento usado por las mujeres, aunque en algunas culturas también lo usan algunos hombres. En los siglos XVIII y XIX fue muy utilizado y la literatura y el arte lo reflejaron en las producciones.

Existen en la actualidad diversas fábricas que se dedican a la producción de abanicos, tanto para uso personal como para recuerdos y souvenires: de maderas, plásticos y otros materiales, pintados a mano o litografiados. Y también hay ofertas en los negocios de antigüedades de verdaderas obras de arte logradas en este objeto cotidiano de auge romántico.

En las reproducciones y textos costumbristas de la España del siglo pasado y aún de este, especialmente en la zona de Sevilla y Granada, podemos hallar referencias al abanico, y hasta un significado propio de cada acción que se hacía con él.
Los antecedentes de tan peculiar lenguaje se remontan al siglo XVII y aqui vemos rescatado parte de este lenguaje que le dio caracter como "arma de seducción"
Varillaje en los labios Besame
Abanicarse rapidamente Estoy comprometida
Pasar el abanico por la mejilla Te amo
Pasar el abanico por los ojos Lo siento
Quitarse los cabellos de la frente No me olvides
Abanico en mano izquierda Deseo conocerte
Abrirlo despacio Esperame
Abrirlo y cerrarlo Eres cruel
Apoyarlo sobre la mejilla derecha Si
Apoyarlo sobre la mejilla izquierda No
Cogerlo con el dedo meñique AdiosA
brirlo y taparse la boca Estoy sola
Moverlo con la mano derecha Quiero a otro
Abrirlo y cerrarlo Eres cuel
Abanicarse deprisa Estoy prometida
Abanicarse despacio Estoy casada
Es importante tener en cuenta que el primer ventilador, a corriente alternada, con pequeño motor asincrónico, aparece en 1891, por lo que hasta esa época, es de gran utilidad, siendo reemplazado paulatinamente por este nuevo adelanto. En la actualidad se utiliza fundamentalmente como adorno y elemento de acompañamiento en bailes. Y es común que en cada casa haya al menos uno.

Las Castañuelas, origen e historia




Historia y orígenes

Los orígenes de la castañuela se remontan a la prehistoria; dado que el baile está basado en el ritmo y es uno de los medios de expresión artística más primitivos, se puede conjeturar que la castañuela fue uno de los primeros instrumentos musicales creados por el hombre. Las castañuelas primitivas se encuentran en todos los continentes, como testimonio de pasadas civilizaciones que se usan todavía hoy en algunas de sus antiguas formas, o en una versión más elaborada, como ocurre en España.

El precedente más antiguo de lo que hoy conocemos como castañuelas se sitúa en el Paleolítico, y fue hallado en Ucrania; se trata de unos brazaletes formados por aros de marfil, los cuales, al chocar entre sí, producen un sonido armonioso. Posteriormente, podemos encontrar testimonios del uso de este tipo de instrumentos en las civilizaciones egipcia, china, cartaginesa o griega.
Sin embargo, a pesar la influencia que estas civilizaciones hayan podido tener en culturas posteriores, se considera que el verdadero origen de nuestra castañuela es la "crusmata" ibérica (lo que ahora es España), formada por dos piezas de madera, dos grandes conchas marinas o dos piedras planas, que los bailarines y los músicos hacían sonar sujetándolas entre los dedos y la palma de la mano. A diferencia de los demás idiófonos occidentales, que tenían sus dos elementos sueltos, en la crusmata ibérica éstos iban sujetos por un cordón pasado a través de agujeros.

La castañuela española es la única que ha ido evolucionando a través del tiempo, a diferencia de lo ocurrido en los demás países, donde permanece en su forma de origen. Ha ido cambiando, adaptándose a las necesidades del intérprete o del bailarín, hasta adquirir la forma ideal para la buena ejecución de los ritmos que acompañan el canto y el baile. Sobre lo ocurrido desde la crusmata hasta las castañuelas de hoy se pueden hacer todo tipo de conjeturas. La imaginación del bailador del pueblo trabaja con su instrumento, hecho por él, y busca la manera de adaptarlo mejor a sus facultades, introduciendo innovaciones técnicas para lograr un manejo más fácil y un mejor sonido.

Su tamaño, forma y decoración varían según la zona y el uso. En un principio, las castañuelas se usaban atándolas a los cuatro dedos y agitándolas con la muñeca; también, para algunos tipos de bailes folklóricos españoles, puede fijarse al dedo medio. Pero a comienzos del siglo XVIII se produce un gran cambio en el mundo de la castañuela. Las razones se debieron al nuevo sistema de fijación en el dedo pulgar, y al auge que tomaron algunos de los bailes de la Escuela Clásica Española, como las seguidillas o los boleros, que se interpretaban acompañados por el repiqueteo de las castañuelas. Es en este momento cuando nace la castañuela clásica o de bolero, con una forma muy semejante a la que se utiliza hoy día.

Todo lo sembrado en el siglo XVIII fructifica en el XIX, cuando la castañuela adquiere una importancia definitiva en España. En 1807 se creó la Academia de Baile Teatral, Música y Gesticulación, a fin de proteger el baile español y preservar la pureza de su estilo de cualquier influencia extranjera, haciendo especial hincapié en la obligación de acompañar los bailes con castañuelas

Características

En cuanto al nombre de la castañuela, parece ser que procede de la palabra del latín antiguo castanea, o sea, castaña. Esta palabra se ha ido transformando poco a poco en castañita, castañeta y castañuela; seguramente fue el color que tomaban estos instrumentos por el uso y el tamaño de los más pequeños lo que decidió la adopción de este último nombre.Un par de castañuelas se compone de un macho y una hembra. La hembra tiene el tono más alto que el macho, dependiendo esta diferencia de sonido de la abertura entre las dos hojas.

Cada una de las hojas de una castañuela puede dividirse en las siguientes partes:
- corazón: cavidad interior.
- concha: parte inferior y redondeada de la hoja.
- orejas: constituyen la parte superior de la hoja, con dos orificios por donde pasa el cordoncillo o cabo que sujeta las dos hojas entre sí, y luego al dedo pulgar o medio de la mano (según la fijación).
- puente: es la parte más estrecha del instrumento, el enlace entre las dos orejas. También se llama bisagra.
- punto: es el sitio donde se tocan ambas hojas, en la base de la concha. De él depende en gran parte la calidad del sonido.
- labio: es la franja comprendida entre el círculo que limita el corazón y el borde de la concha. Algunas veces posee un pequeño relieve en forma de "escudo", que separa las orejas de la hoja.

En la construcción de castañuelas se han empleado muchos materiales diversos, como el metal, el marfil, el hueso, la madera o la tela prensada. Pero el material que siempre se ha adaptado mejor a las necesidades de este idiófono es la madera. Se pueden hacer palillos de boj, nogal, haya, palo santo, palo rosa, ébano, roble, castaño... Sin embargo, el material que reúne las condiciones ideales de dureza y sonido es el granadillo, madera importada de América del Sur y de África, que ya se empleaba en el siglo XVIII y que todavía hoy se mantiene a la cabeza de la demanda de los profesionales.

Sean cuales fueren sus características, las castañuelas deben ser templadas para que alcancen la plenitud de su sonoridad. Esto se logra únicamente haciéndolas sonar durante horas y horas. Luego hay que tomar ciertas precauciones: no hay que dejar las castañuelas "desnudas" después de haberlas usado, sino que se deben introducir en su funda, puesto que son muy sensibles a cualquier cambio de ambiente. Tanto las temperaturas extremas como la humedad les son muy perjudiciales, y pueden ocasionar su resquebrajamiento y rotura.

lunes, 5 de junio de 2006

El Mantón de Manila

Historia y origen
Es la capital de Filipinas, antigua colonia española, la que le ha dado nombre, pero su origen se encuentra en China; tradicionalmente se realizaban en seda y estaban bordados a mano con motivos florales de la naturaleza como flores, sobre todo, y pájaros. El mantón de Manila es un complemento del vestido. Algunas cantaoras lo llevan-no es raro ver a Estrella Morente con mantón-, pero son sobre todo las bailaoras las que han hecho que esta prenda, introducida en el vestuario español –sobre todo andaluz- desde el siglo XVI, esté fuertemente asociada al flamenco.

Originariamente, el mantón de Manila, realizado en seda y bordado a mano, procede de China, pero debe su nombre a la capital de la antigua colonia española de Filipinas (Manila). El puerto de Manila se convirtió en una parada obligada para los barcos españoles que volvían a la metrópoli cargados de productos orientales. Y fue así como en el siglo XV los comerciantes españoles los conocieron y empezaron a llevarlos a España. En poco tiempo, las decoraciones chinas de los mantones fueron sustituidas por motivos autóctonos; desaparecieron los dragones, el bambú y las pagodas y aparecieron rosetones y pájaros, rosas, claveles y otras flores, cada una con su significado (lirio: pureza; margarita: impaciencia; rosa: secreto; girasol: fidelidad…). También fue en España donde se le añadieron los flecos.

Poco a poco, el mantón de Manila se fue convirtiendo en una prenda habitual del vestido femenino, sobre todo en Sevilla, tanto entre las mujeres pudientes de la alta sociedad como entre las clases populares. La moda pasó y el mantón dejó de ser vestido cotidiano, pero quedó asociado al vestuario flamenco, sobre todo de bailaora.

El mantón en el flamenco

Fue la escuela sevillana la que más fuerte apostó por el mantón de Manila. Así, nombres como los de Pastora Imperio, La Niña de los Peines, La Macarrona o Matilde Coral están fuertemente vinculados con el mantón de Manila.

El mantón de Manila aporta gran vistosidad tanto al baile como al movimiento de la bailaora, tiene una técnica propia y complicada, solo apta para aquellas bailaoras que ya tienen gran dominio del baile flamenco. Lo más difícil es saber mover el mantón a compás y hacer que se mueva como si fuera una parte del cuerpo.

Matilde Coral ha sido una gran defensora del mantón, continuando la obra de Pastora Imperio. En la actualidad, Blanca del Rey es célebre, entre otros méritos, por su soleá del mantón, y otros nombres como los de la Compañía Andaluza de Danza, Belén Maya o María Pagés también se asocian con el mantón de Manila.

En la actualidad, y desde hace unos años, el mantón de Manila ha vuelto a ponerse de moda fuera del círculo de baile y se usa como complemento de un vestido de fiesta e incluso como el propio vestido de fiesta.

Cómo encontrar el mantón más adecuado

El mantón tiene que ser lo suficientemente grande como para que abarque de sobra los dos brazos estirados en cruz. No debe confundirse con la pequeña pañoleta que acompaña a los vestidos de faralaes. También es importante que no pese demasiado para poder manejarlo bien.

Si buscas un mantón, el mercado te ofrece muchas posibilidades. Los colores habituales son el negro, el blanco, el marfil y el rojo. Los modelos más clásicos son los de cigarreras –inmortalizados por Carmen, de Bizet- con grandes rosas y claveles bordados en colores brillantes, y los de macetones, que mezclan el bambú con macetas llenas de flores. No te olvides de otros dos modelos tradicionales: el bordado en negro y marfil y el isabelino, que presenta las esquinas bordadas, mientras que el centro permanece vacío o presenta pequeños ramilletes de flores.

El mantón también puede ser un buen complemento para vestirse y no sólo de flamenca.Es perfecto para combinarlo con vestidos de noche y le daremos a nuestra imagen un toque muy español, además de elegante. En este caso, lo podemos elegir del color que queramos; el blanco y el rojo son muy favorecedores